Era el año 2016. Madrid celebraba por fin sus Juegos Olímpicos, tal y como se había decidido en 2009 y estaba en pleno apogeo. Las calles estaban abarrotadas de gente y la ciudad emanaba vida y energía. En medio del bullicio yo, pletórico, paseaba feliz con mi familia. Mis hijos crecían e iban bien en sus dedicaciones y mi actividad profesional estaba plenamente consolidada. Mi salud y la de los míos se encontraba en uno de los mejores momentos. Ya hacía tiempo que no visitábamos aquellas consultas que, con los críos, estuvimos frecuentando durante años. Justo como yo quería. (más…)