Como cada año desde hace doce, ayer llegué a mi casa de vacaciones. Un casa en un  pueblo levantino a escasos metros del mar mediterráneo, cuartel general de todas nuestras excursiones y actividades durante la época estival. Habíamos estado ya hace veinte días, un fin de semana que aprovechamos para hacer una escapada y disfrutar el buen clima que en la zona hace prácticamente durante todo el año.

Este año necesitaba realmente esa escapada y, en aquella ocasión, la llegada me proporcionó una sensación de paz, tranquilidad y aire fresco. No había demasiada gente, aparcamiento en frente de casa, mesa en todos los restaurantes y una playa en la que podías jugar hasta a “las palas”. Ya sabes que para esto hace falta sitio. Hasta había mesa en el chiringuito de la playa y jarras heladas para la cervecita que acompaña, siempre fiel, los aperitivos veraniegos.

En definitiva, un fin de semana de lujo que sirvió para recargar las pilas necesarias para afrontar las siguientes semanas de duro trabajo y más duras noticias en la prensa. (más…)