El Corte Inglés ya ha puesto las luces de los adornos navideños. Señal inequívoca aquí en España de que el año se está acabando. A mí, tradicionalmente, este es un tema que he de reconocer que me suele causar cierto desasosiego. “Tantas cosas todavía por hacer y me estoy quedando ya sin tiempo”.  Como hacía cuando estaba estudiando, es época de exámenes y ya no hay excusa: hay que estudiar y echar el resto.

Los últimos dos meses del año se convierten en una especie de montaña rusa en la que intentas solucionar lo que, probablemente, podrías haber solucionado ya hace meses si hubieras funcionado con rigurosidad en la planificación. Y a veces pienso: “no te esfuerces tanto, si ya está todo el pescado vendido. Lo que no hayas hecho ya no lo vas a hacer ahora”. Pero sigo adelante.

Lo cierto es que, año tras año, la última época es buena para mí desde el punto de vista profesional y de negocio. He de reconocerlo. Consigo contratos in – extremis y, al final, la cosa acaba saliendo bien.  Y, ¿qué es lo que hace que consiga esos contratos precisamente ahora y no los haya conseguido en meses anteriores, como hubiera sido lo razonable y lo más sensato?. ¿Es que los clientes necesitan más mis servicios justo al final de año?.

Pensando en esta cuestión, he llegado a la conclusión que lo que me consigue poner en movimiento, lo que me activa, es un cierto grado de presión. Es saber que se me acaba el tiempo para cumplir aquellos objetivos que me había propuesto allá por enero. La presión me activa, me impulsa. Me provoca un estrés positivo que me saca de mi zona de confort y libera parte de mi potencial (ese que todos tenemos dentro y que sale en los momentos más críticos).

¿Te suena esta historia?. La verdad es que lo he hablado con conocidos en muchas ocasiones y estamos bastante de acuerdo en que las cosas son así.

También es verdad que como a los clientes les debe pasar algo parecido, y también han dejado muchas cosas para final de año, se activan igualmente. Energía en el cliente y energía en ti mimo es una buena mezcla.

Y, ¿cuál es el aprendizaje de todo esto?. Si queremos vivir más tranquilos y conseguir más y mejores resultados en nuestras actividades, tenemos que ser capaces de conseguir este estado de activación durante todo el año. Contar con un nivel adecuado de presión en enero, febrero y todo el resto de meses del año, combinándola con una definición clara de objetivos motivadores y una correcta planificación, te asegurará grandes resultados.

Dicho así suena bonito, pero es posible que estés pensando algo así como “es muy difícil de conseguir un nivel de presión y energía positiva constante durante el año”. Estoy de acuerdo. Conseguir esto implica para muchos de nosotros cambiar hábitos de comportamiento y esto, junto con el cambio de creencias y actitudes, es probablemente uno de los desafíos más difíciles de conseguir.

Sin embargo, se puede. La fórmula: “Repetición, repetición, repetición”. Cuando nacemos, no nacemos con hábitos. Los que ahora tenemos se han instalado en nuestro interior a base de repetición. En muchos casos, padres, tutores, profesores, amigos y otras personas importantes de nuestra vida, nos han ayudado a instalarlos. Han estado condicionándonos.

Ahora te toca a ti solo desechar los antiguos hábitos negativos y sustituirlos por prácticas positivas y potenciadoras. Pero también puedes pedir ayuda. Mira a tu entorno y pídele a tus personas de confianza que te ayuden a instalar esos nuevos hábitos. Comprométete ante ellos y te resultará más fácil.

En Desafío Coaching estamos convencidos de la necesidad de modificar hábitos para cumplir grandes resultados y es bajo ese enfoque bajo el que diseñamos toda nuestra oferta de servicios. Productos como el “Coaching de Guerrilla te ayudan a salir de la zona de confort y a establecer hábitos de comportamiento eficaces. Ánimo y a por ello. ¿Qué te lo impide?.

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