Como cada año desde hace doce, ayer llegué a mi casa de vacaciones. Un casa en un  pueblo levantino a escasos metros del mar mediterráneo, cuartel general de todas nuestras excursiones y actividades durante la época estival. Habíamos estado ya hace veinte días, un fin de semana que aprovechamos para hacer una escapada y disfrutar el buen clima que en la zona hace prácticamente durante todo el año.

Este año necesitaba realmente esa escapada y, en aquella ocasión, la llegada me proporcionó una sensación de paz, tranquilidad y aire fresco. No había demasiada gente, aparcamiento en frente de casa, mesa en todos los restaurantes y una playa en la que podías jugar hasta a “las palas”. Ya sabes que para esto hace falta sitio. Hasta había mesa en el chiringuito de la playa y jarras heladas para la cervecita que acompaña, siempre fiel, los aperitivos veraniegos.

En definitiva, un fin de semana de lujo que sirvió para recargar las pilas necesarias para afrontar las siguientes semanas de duro trabajo y más duras noticias en la prensa.

No sé porqué pero ayer venía con esa misma expectativa. Cuando íbamos llegando soñaba despierto con la tranquilidad y un buen ambiente de verano. Es más, incluso comenté: “cuando lleguemos, dejamos las cosas en casa y salimos “al pollero” (un restaurante cerca de casa en el que se come bien en una terracita muy agradable). Me voy a tomar una cerveza con unos “pescaítos” de esos que hacen que “se te salten las lágrimas” de lo buenos que están.

Sin embargo, cuando llegamos y entramos en el pueblo, una sensación de agobio me empezó a recorrer el cuerpo. Un cierto estado de confusión de esos que no sabes muy bien a qué se deben. Miraba alrededor y solo veía coches, muchísima gente atravesando de forma desordenada las calles, terrazas de bares y restaurantes llenas y colas en las puertas. Los pescaítos, más bien en el suelo que en los platos. El aire, fresco húmedo y cargado de ruidos y gritos. ¿Me habré confundido de pueblo?, pensé.

No. No me había confundido. La cuestión es que era 3 de agosto y las cosas son así por aquí durante los primeros quince días de agosto. “Pareces nuevo, pensé. Y eso que llevas más de doce años viniendo. No sé porque esperabas otra cosa. Este es tu sitio de vacaciones y, además, sabes que al final te gusta. Solo te hace falta aclimatarte un poco.”

Fui pensando todas estas cosas durante los más de veinte minutos que tardé en aparcar el coche. Rápidamente, como si de un resorte se tratara, mi mente a la que trato de entrenar habitualmente, comenzó a cambiar su enfoque. “La verdad es que la casa es muy cómoda, son días en los que aprovecharé para estar con mi familia y con algunos amigos que no veo más que una vez al año. Podré practicar algunos hobbies como la pesca o la navegación para los que este sitio es maravilloso. ¿Qué más da que esté “cargado” de gente. Eso es un factor más del entorno al que adaptarse y, quién sabe, quizás sacarle algún provecho”.

Mirando a la gente y sus movimientos, empecé a ver Personas (con mayúscula), familias y amigos que reían, chillaban, corrían y, en definitiva, “vivían” a su forma sus vacaciones. El ruido y el ambiente “cargado” eran simplemente los síntomas de la felicidad. La mayor parte de las personas están felices en este periodo. Es por esto por lo que llenan las playas, llenan las terrazas de los restaurantes u ocupan todos los aparcamientos de las calles.

En una época como la que estamos en este momento, marcada por un entorno de crisis, brutal e insorportable, que hace verdaderamente difícil cuestiones tan básicas como la supervivencia y la convivencia, es un verdadero placer ver a tu alrededor gente que disfruta. Es más, cuanta más mejor.

Con este enfoque, ha pasado solo un día y creo que ya me he aclimatado ya a las vacaciones, que pienso pasar además muy pero que muy bien. Ayer tenía dos opciones de elección: o me enfocaba en el agobio o me enfocaba en el disfrute. A mi mente le daba igual una que otra. Ella haría lo que yo le dijera. Yo he decidido enfocarme en el disfrute, no solo mío, sino también de los demás. ¿Qué te parece la elcción?. Feliz verano.

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