Que estamos en crisis es un hecho evidente. Que el mercado y nuestro entorno se encuentran en un momento que no facilita la consecución de negocio es la consecuencia natural de dicha crisis. Pero, ante esta situación, ¿qué podemos hacer?. Si pretendemos continuar manteniendo el negocio y generando riqueza, es necesario que mantengamos e incluso, aumentemos nuestra competitividad.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, Competitividad se define como “capacidad de competir; rivalidad para la consecución de un fin”.

En términos de mercado y negocios, son muchas las definiciones de competitividad que se han publicado. J.C. Mathews propone que la competitividad se define como “la capacidad que tiene una organización, pública o privada, con o sin fines de lucro, de lograr y mantener ventajas que le permitan consolidar y mejorar su posición en el entorno socioeconómico en el que se desenvuelve”

Para M. Porter, el concepto de competitividad conlleva al concepto de excelencia, que implica eficiencia y eficacia por parte de la organización.

Sea cual sea la definición que adoptemos para el término, lo cierto es que todas coinciden en que ser competitivos exige:

  • Capacidad de desenvolverse en el mercado, a través de un nivel de calidad y excelencia adecuados a los requerimientos de los clientes
  • Capacidad de defenderse e, incluso, superar a los competidores.

Si una empresa no cumple con cualquiera de estos objetivos, dejará de ser competitiva y será expulsada del mercado. Más aún en esta época en la que la capacidad de consumo se ralentiza y ya no hay “tanta alegría” en la compra. Por tanto, estamos obligados a hacer cada vez mejor las cosas y a diferenciarnos cada vez más para mantenernos en el mercado.

Frente a esta orientación hacia la competitividad, son muchas las empresas que, ante la crisis, han decidido reducir los gastos e inversiones. Han reducido su publicidad, han eliminado las inversiones en formación para el personal, han abandonado la innovación y el diseño y se han centrado en actuaciones tendentes a la reducción de la cifra de gastos. De esta manera, continúan manteniendo beneficios a pesar de no elevar los ingresos. Pero, ¿es esto una estrategia de futuro?. ¿Qué pasa cuando ya se han reducido los gastos al máximo y ya no podemos disminuir más puesto que necesitamos los recursos mínimos para producir y distribuir?.

La reducción de gastos es una medida adecuada siempre y cuando no sea perjudicial para la competitividad. Evitar el despilfarro es adecuado pero reducir inversiones que frenen el crecimiento, la innovación, la renovación y la competitividad empresarial es más peligroso.

Hablando con muchos empresarios, incluso con muchos que optaron en su momento por esta política de austeridad desmedida, hemos llegado al acuerdo y a la conclusión general de que “la única solución de futuro para una organización pasa por aumentar los ingresos. Por vender más y conseguir cada vez más clientes satisfechos. Pasa, en definitiva por ser más competitivos”.

Y, ¿cómo ser competitivos en tiempos de crisis?. Esta es la pregunta clave.

Comercialización, gestión, innovación y formación son cuatro de los ingredientes que seguro tiene la respuesta a esta pregunta. Buscar nuevos mercados, nuevas fórmulas de acceso al mercado, establecer nuevos modelos de relación con los clientes, gestionar adecuadamente los recursos de la organización y sus ventajas competitivas, buscar nuevos diseños, explorar lo desconocido y mejorar los procesos productivos y de servicio, son acciones concretas que refuerzan nuestra posición competitiva.

Y para todo esto, nosotros mismos y nuestro personal tenemos que tener un “alto rendimiento profesional”. Tenemos que ser los mejores en lo que hacemos. Pero ser los mejores no es solo saber más que nadie sobre lo que hacemos. Ser los mejores implica “Saber, querer y poder”. Esta es la fórmula que define el desempeño profesional de una persona.

Cuando una persona no consigue los resultados que espera en su actividad profesional es siempre porque falla una o más de estas tres cuestiones. A veces no se consiguen resultados porque la persona “no sabe”. Otras veces lo resultados son mediocres porque la persona “no puede”, es decir, no tiene los recursos internos o externos necesarios para desarrollar con éxito su trabajo. Otras veces, la persona “no quiere”, no está motivada y por eso los resultados no son buenos.

Los gestores de negocios tenemos que estar siempre pendientes de nuestro desempeño y del de nuestro equipo en esos términos y, en función de cuál sea la causa que provoca carencias en los resultados, aplicar la “medicina” más adecuada en cada caso. Cuando alguien no quiere, se trabajará sobre la motivación de la persona. Cuando faltan recursos, será necesario trabajar para conseguirlos y si la persona “no sabe”, será necesaria la formación y el entrenamiento.

Reducir por debajo del nivel recomendable las inversiones en formación y motivación es, por tanto, una mala decisión puesto que es una medida que supone un freno a la mejora del desempeño profesional de las personas de la organización.

Por tanto, en épocas de crisis, en las que resulta más necesario que nunca conseguir altos desempeños del personal para aumentar la eficacia y la eficiencia y para diferenciarse de los competidores, es más recomendable aún la inversión en una adecuada política de formación y entrenamiento.

Aunque es muy habitual que tanto los propietarios de negocios como el personal, especialmente en las pymes, estén adecuadamente formados “en cuestiones técnicas” y sepan desarrollar los procesos de actividad, también resulta muy habitual encontrar ciertas carencias formativas en los ámbitos de la gestión y de las habilidades, tanto directivas como comerciales. Es precisamente en estas áreas en las que radica fundamentalmente la diferencia de resultados que obtienen las empresas.

Al fin y al cabo, además de saber producir y prestar el servicio, en el día a día de las empresas hay que realizar muchas otras actividades como la venta, la negociación, la gestión y el liderazgo de los recursos humanos o el establecimiento de procesos operativos y estándares de calidad.

Los productos son cada vez más parecidos a los ojos del cliente y son las cuestiones relacionadas con la gestión, con el servicio y con las habilidades de las personas las que proporcionan mayores diferencias. Resulta pues recomendable definir un plan de formación para toda la organización que contemple apartados de gestión y desarrollo de habilidades.

Los beneficios la formación en gestión y habilidades son innumerables y su impacto sobre la productividad, tanto de la empresa como de la persona, es innegable. A la persona que recibe la formación, le sirve:

  • para incorporar nuevas herramientas a su “mochila” de técnicas
  • para desarrollar cambios positivos en su desempeño
  • para establecer hábitos de trabajo eficaces y eficientes
  • para desarrollar habilidades que le ayudarán a mejorar su desempeño profesional
  • para motivarse y elevar su estado de ánimo
  • para mantenerse a pleno rendimiento en su actividad
  • para establecer vínculos profesionales con otros colegas
  • para desconectar “sanamente” de su día a día

Y a la organización, la formación le aporta los elementos necesarios para:

  • para contar con los profesionales más cualificados y entrenados
  • para crear y consolidar la cultura corporativa
  • para crear equipo a todos los niveles
  • para motivar e involucrar al personal en los planes de futuro
  • para posicionar bien la organización para captar talento
  • para mejorar los procesos operativos
  • para pulsar y evaluar al equipo

Se trata de beneficios todos ellos que inciden directamente en la capacidad de la empresa para diferenciarse y mantener los adecuados niveles de excelencia.

Bien sea de forma presencial, a través del e-learning o combinando cualquiera de estas posibilidades, invertir en formación es invertir en el futuro del negocio. Esto se comprueba fácilmente echando un vistazo a nuestro alrededor. ¿Cuáles son las empresas que invierten normalmente más en formación?. Las líderes de los diferentes sectores. Pero, ¿invierten porque son líderes o son líderes porque invierten en formación?. Yo pienso sinceramente que son líderes porque, entre otras cuestiones, invierten en formación y cuentan con los recursos más cualificados.

Incluso, a nivel personal, tú has llegado donde estás por lo que has aprendido hasta este momento. Cualquier progreso que te plantees conseguir de aquí en adelante implicará necesariamente que tendrás que aprender y practicar algo nuevo.

Una cualidad de los líderes y de las personas que consiguen los mejores resultados en las diferentes áreas es que están comprometidos con su propia formación y crecimiento personal. Trabajan a diario en aprender nuevas cosas y ponerlas en práctica. Mejoran su formación y sus habilidades. Nunca se muestran autocomplacientes y satisfechos con lo que saben. El aprendizaje continuo forma parte de su forma de entender la vida.

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