La mayoría de la gente de éxito se caracteriza porque tiene un alto nivel de energía. La energía es nuestro combustible. Es la gasolina con la que conseguimos todas las cosas, Sin duda alguna, existe una relación directa entre los niveles de energía y los niveles de desempeño.

Las personas alicaídas, débiles y sin ánimo consiguen, normalmente, resultados pobres en los diferentes retos que se marcan. Y eso suponiendo que se los marquen. Sin embargo, las personas optimistas, positivas, entusiastas y fuertes obtienen, por regla general, unos resultados sensiblemente superiores a los de la media.

La clave está, por tanto, en mantener y aumentar cada día nuestro nivel de energía.

Si queremos realmente obtener unos niveles de energía óptimos que nos impulsen al máximo, tenemos necesariamente que hablar de tres niveles de energía: la física, la emocional y la mental. Todas ellas son fundamentales y no podemos dejar que ninguno de los depósitos se vacíe.

La energía física es “la madre de todas las energías”. Sin fuerza física no podemos funcionar. Sin fuerzas no podríamos levantarnos, trabajar, hacer deporte ni ninguna otra cosa. Y, sin fuerzas, tampoco podemos pensar y casi ni sentir. Es por esto absolutamente fundamental que nos aseguremos de que nuestra energía física no entra en reserva, no baja del nivel mínimo necesario para asegurar un desempeño adecuado.

Cada día, a través de la alimentación y del descanso, especialmente mientras dormimos, cargamos batería y reponemos nuestro nivel de energía física.

Sin embargo con esto no basta para conseguir grandes resultados. Las personas, además de movernos y desempeñar trabajo físico, nos relacionamos unas con otras, planificamos, pensamos y sentimos. Utilizamos nuestra inteligencia que es lo que más nos diferencia de otras especies vivas. Y utilizamos nuestra inteligencia a dos niveles: cognitivo (racional) y emocional. Es decir, pensamos y sentimos. Y para ello necesitamos otros dos tipos de energía: la emocional y la mental.

La forma en la que sentimos, nuestras emociones, condicionan también en gran medida nuestro desempeño. Cuando nos levantamos y estamos tranquilos, con un estado de ánimo positivo y nos llevamos bien con todo el mundo, las cosas nos salen mejor a todos los niveles. Sin embargo, cuando entramos en un estado emocional negativo, nuestro desempeño baja claramente. Nos cuesta concentrarnos, relacionarnos e, incluso, hasta movernos.

Sin un nivel de energía emocional adecuado no se pueden obtener buenos resultados. Trabajar la actitud mental positiva y el control de nuestros estados de ánimo es básico para mantener lleno nuestro depósito emocional. La buena noticia es que es posible hacerlo porque, al fin y al cabo, tú puedes decidir como percibes la realidad.

El tercer tipo de energía que alimenta nuestro motor es la energía mental. Esta es, como la califican algunos autores, la energía de la creatividad, de la resolución de problemas y de la toma de decisiones. Es la energía que utilizas para planificar y actuar en todos los ámbitos de tu vida.

Mantener unos adecuados niveles de energía física y emocional y ejercitar constantemente el cerebro, convirtiendo en hábito el hecho de pensar, es la forma de conseguir unos niveles adecuados de energía mental. Tu nivel de energía mental condiciona enormemente tu calidad de vida, en la medida en que es la mente la que configura tu realidad. Al fin y al cabo, tus experiencias, tus recuerdos y tus sueños están en tu mente.

“Mens sana in corpore sano” (Décimo Junio Juvenal. Poeta romano de finales del siglo I y comienzos del II)

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