“Saludar”, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, se define como “mostrar a alguien benevolencia o respeto mediante señales formularias”. De la misma manera, este diccionario define “Saludo” como “expresiones corteses”.

Como ves, a través del saludo se potencian sensaciones de respeto, benevolencia y cortesía. Considerando que “a nadie le amarga un dulce”, parece que puede estar bien recibir el saludo del resto de personas con las que me relaciono. Me hace sentir bien e importante.

La historia del saludo es muy antigua. Yo diría que tanto como lo es la humanidad. Con diferentes códigos y tipos de lenguaje, lo cierto es que las personas siempre nos hemos saludado. O, mejor dicho, siempre hemos tenido la posibilidad de saludar porque las fórmulas han estado siempre en nuestras reglas de comunicación. Dar la mano, decir hola y adiós o cualquier otra fórmula son elementos de nuestra comunicación conocidos por todos.

El saludo favorece sin duda las relaciones interpersonales porque genera en la otra persona sentimientos de confianza, afecto, amabilidad, respeto, educación, etc. Pero sobre todo, lo que provoca el saludo es una mejora de la autoestima de la persona que lo recibe. “Si me saludan, soy importante y eso me hace desarrollar la confianza en mí mismo. Como correspondencia justa con la persona que me saluda, mostraré también mi respeto, será agradable y pondré las cosas fáciles para iniciar una conversación y una relación”. Esto es más o menos el ciclo mental que provoca el saludo.

Esto es indudable, ¿verdad?. Seguro que hasta aquí estamos de acuerdo. Sin embargo, ¿Cuál es la realidad actual?. Lo diré de forma sencilla y contundente: “Hay mucha gente que, simplemente, no saluda”.

¿Te ha pasado alguna vez que entres en algún edificio de oficinas, en algún comercio o en un ascensor y te hayas cruzado con gente que no te ha saludado?. A mí sí. Pero, lo que es aún más grave. ¡Yo saludo y no me devuelven el saludo!. Afortunadamente no me ha pasado muchas veces pero me ha pasado. ¿Y a ti?.

Veamos ahora la importancia que esto tiene. ¿Cómo te has sentido cuando “te han negado el saludo”?. Seguramente habrás tenido malas vibraciones y sentimientos de enfado, desconfianza e, incluso ira hacia la persona que no te ha saludado. Y esto es porque lo que realmente ha pasado es que lo has considerado como un ataque personal hacia tu autoestima. Al fin y al cabo, el mensaje que te han transmitido al no saludarte ha sido “no eres importante para mí como para merecer que te salude”.

¿Tú crees que esta práctica sienta las bases para una buena relación?. Rotundamente no. Tú no quieres tener relaciones con alguien que no te considera importante, que te desprecia. Y, por supuesto, las personas a las que tú no saludas piensan esto mismo y tampoco querrán tener relaciones de ningún tipo contigo.

Saludar es, por tanto, más importante de lo que parece y además es gratis. Proporciona muchos beneficios y no hacerlo provoca grandes pérdidas potenciales.

Un tema importante ahora que sabemos que el saludo es más importante de lo que pensábamos es reflexionar sobre el ¿por qué, en ocasiones, hacemos lo que hacemos?. ¿Por qué muchas personas no saludan?.

En este sentido, yo haría una primera distinción importante de personas: las que no saludan pero no son conscientes de ello y las que lo hacen conscientemente. Estas últimas simplemente no saludan porque no quieren, sabiendo que van a provocar efectos adversos.

Los efectos son los mismos en ambos casos pero hay una diferencia muy importante desde el punto de vista de la mejora y el desarrollo personal. Si alguna vez no saludas pero no lo haces conscientemente, piensa en los elementos negativos que esto conlleva desde el punto de vista de tus relaciones y trabaja en convertir en hábito el saludo.

Si, por el contrario, eres una persona que no saludas a otra pero lo haces de forma totalmente consciente, es decir, porque no quieres, te respecto porque entiendo que tendrás tus razones aunque te aconsejo buscar fórmulas alternativas para solucionar posibles conflictos.

¡Saluda, sonríe, habla y construye grandes relaciones!

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