Los resultados que obtenemos en los distintos proyectos que nos planteamos y emprendemos, tanto a nivel personal como profesional, dependen siempre de lo bien o mal que funcione la combinación de los siguientes tres elementos: Saber, Querer, Poder. Esto es lo que yo denomino “la trilogía del éxito”.

Lo que consigues va en función de lo que sabes y dominas tus asuntos, de lo que puedes en base a tus capacidades, habilidades y recursos y de lo que quieres conseguir en cada momento. Es decir, de lo motivado que te encuentras hacia tu objetivo.

Las personas que obtienen grandes resultados en aquello que ponen en marcha cuentan con los conocimientos adecuados, con los recursos y elementos necesarios para poder actuar y con un nivel de motivación elevado que le lleva hacia la meta. Quieren conseguir lo que se plantean.

Sin embargo, en muchas ocasiones, lo cierto es que no estamos satisfechos con los resultados que obtenemos. Algunos proyectos no funcionan y sentimos estrés y frustración. Pues ten clara una cosa: si el resultado que consigues no es todo lo bueno que debería ser es porque han fallado uno o varios de los elementos anteriores. O no has sabido hacer todo lo que tenías que hacer, o no has podido o no has estado lo suficientemente motivado.

Tanto en tu vida personal como profesional pones en marcha proyectos a diario. Algunos parecen mayores y otros pequeñas actuaciones, pero lo cierto en que en todos ellos debes estar a la altura para conseguir los resultados. De cara a conseguir desarrollarte al máximo nivel, a la hora de plantear tus actuaciones futuras, es necesario que reflexiones primero sobre tu situación actual.

Sitúate, por ejemplo, en tu parcela profesional. Un análisis exhaustivo de las diferentes áreas que la componen te ayudará a poner en marcha acciones que te permitan desarrollarte al máximo y sentirte plenamente satisfecho. Herramientas de diagnóstico de la situación hay muchas, pero lo verdaderamente importante es que hagas el esfuerzo de pararte a pensar en “cómo te van las cosas y que resultados estás obteniendo”.

A modo de ejemplo, para el ámbito profesional y directivo, comparto contigo y te invito a utilizar la Rueda del Desarrollo Directivo, un sencillo repaso a tu situación en los diferentes ámbitos que conforman el equilibrio profesional (consíguela en Desafío Coaching, en el menú lateral izquierdo).

Una vez que identifiques las áreas en las que te plantearás tus retos prioritarios, lo siguiente es trabajar en desarrollar al máximo tu “sabes, puedes y quieres”. Es necesario que desarrolles los conocimientos necesarios que te permitan abordar tus proyectos, que desarrolles también tus capacidades y poder interior y que consigas el nivel más elevado de motivación. Realmente tienes que querer hacerlo para conseguirlo.

Si cuando te pongas en marcha con cualquiera de tus proyectos, el resultado no es el esperado, recuerda la trilogía. Piensa en lo que ha fallado y plantea la medicina más adecuada para corregir la situación. Y, por supuesto, ten en cuenta que la medicina será diferente en función de que componente sea el que debes mejorar.

Si no sabes, la solución es aprender y esto lo consigues preocupándote por tu formación y entrenamiento en las materias adecuadas.

Si no puedes, analiza los recursos que te han faltado. Pueden ser externos (económicos, equipo, ayuda, etc.), o internos (seguridad, autoestima, etc.). Trata de conseguir estos recursos para abordar de nuevo tu proyecto con mayores garantías de éxito.

Si no quieres, la solución es algo más complicada pero también se puede lograr. Si no quieres es porque no has encontrado todavía tu motivo para la acción (tu motivación). Plantéate qué ganas al conseguir el objetivo o que dejas de perder. Estos son los grandes motivadores. Piensa en la medida en que mejorarás cuando consigas el resultado y ponte a ello. Actúa como si ya lo hubieras conseguido.

Combina bien tu “sabes, puedes y quieres” y conseguirás unos resultados que te dejarán plenamente satisfecho y te ayudarán en tu camino del desarrollo.

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