Retrasar la acción es uno de los frenos para el desarrollo

“No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Nuevamente, un sabio refrán nos ofrece un consejo que tiene un impacto notable sobre lo que conseguimos y sobre lo que llegaremos a ser, hacer y tener.

Postergar, retrasar o aplazar las cosas que sabemos que tenemos que hacer es, probablemente, uno de los mayores frenos que tenemos en nuestro desarrollo y en la consecución de nuestros objetivos.

Muchas veces, “lo que hay que hacer” para conseguir resultados positivos en nuestra vida personal o profesional no es divertido, agradable o cómodo. Es más, en muchas ocasiones es incluso difícil de hacer, aburrido y desesperante. Sin embargo, es también una realidad y lo sabemos que si no lo hacemos no conseguiremos los resultados que deseamos.

Ahí es donde empieza el dilema: ¿lo hago o no lo hago?. Una parte de nosotros nos dice: “tienes que hacerlo, es la única manera de conseguir tus objetivos”. Sin embargo, frente a este “yo”, nuestro otro “yo” nos dice: “no lo hagas porque te va a costar mucho, vas a sufrir y no merece la pena”. Ante esta dicotomía nuestra razón, que es sabia y justa, decide muchas ves “Ni una cosa y otra. Lo haré, pero más tarde. En otro momento”. O como diría José Mota: “Hoy no … mañana”

Estamos postergando. Estamos retrasando nuestras decisiones y nuestras acciones.

Si el mundo no se moviera hasta que nosotros no actuáramos, retrasar las cosas no supondría ningún problema. Sin embargo, esto no es así. El mundo sigue su curso hagamos o no lo que tenemos que hacer y cambia las circunstancias y nuestro entorno cada minuto.

De esta manera, una idea que es buena en un momento, deja de serlo al día siguiente. Un proyecto que es novedoso, se convierte en obsoleto al día siguiente. Una posibilidad que está “libre” en un momento, está “ocupada” diez minutos más tarde.

¿Te ha pasado alguna vez que una idea que tenías en la cabeza no la has puesto en marcha inmediatamente y cuando, por fin, te has decidido, ya no era tan buena?. A mí sí. No es la primera vez que por no actuar alguien se me ha adelantado. Ten en cuenta que “si no lo haces tú, vendrá alguien y lo hará”. Las oportunidades están para aprovecharlas y alguien las aprovechará.

Lo mismo pasa a la hora de resolver problemas o afrontar conflictos. Imagina una situación en la que tendrás que tener una conversación desagradable con alguien para solucionar un determinado problema. Esta circunstancia es muy habitual tanto en el terreno profesional como en el personal. ¿Qué nos pide el cuerpo y, de hecho, hacemos en muchas ocasiones?. ¿Se te ocurre?. Pues sí, es eso: ¡retrasar este momento para no enfrentarnos a él!.

Pues bien, te diré una cosa. Hay otra regla universal que nunca falla: “los problemas no tienen a arreglarse por ellos mismos sin hacer nada”. Es más, suelen agravarse, con lo que el retraso contribuye únicamente a que cuando nos enfrentemos a la situación nos resulte aún más difícil.

Además, ¿qué es lo que pasa normalmente con las cosas que retrasas?. Que las acabas haciendo. Entonces, si al final sabes que las vas a hacer porque es bueno para ti, ¿por qué no empezar ya a obtener los beneficios de ponerlas en marcha aquí y ahora?.

Desarrolla el hábito de actuar de forma inmediata y evita aplazar, retrasar y postergar. Comprobarás los excelentes resultados que consigues.

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