La autoestima comienza en la infancia, con la influencia de tus padres y del resto de personas que conforman tu entorno vital. Familiares, amigos, vecinos, compañeros, profesores o jefes son personas que ejercen una gran influencia sobre la forma en que te percibes tu mismo a lo largo de tu vida.

Tu nivel de autoestima está condicionado por la medida en que eres aceptado y valorado por parte de las personas que para ti son importantes. Tu actitud hacia ti mismo está determinada en gran medida por la actitud que tiene hacia ti la gente que te importa. Cuando percibes que eres valorado positivamente por tu entorno, automáticamente sube tu nivel de autoestima y autoaceptación.

Día tras día, mes tras mes y año tras año, vamos recibiendo mensajes del entorno que nos refuerzan o nos rebajan la percepción que tenemos de nosotros niños. Expresiones como “tú puedes”, “seguro que lo consigues”, “eres muy hábil” o “vas por el buen camino” nos ayudan a elevar nuestros niveles de confianza, aceptación y autoestima. Por el contrario, cuando las personas que son referentes para nosotros nos lanzan mensajes del tipo “es que no se puede confiar en ti”, “eres un inútil”, “así no vas a ninguna parte” o “eres un fracasado”, entra en juego un diálogo interno dañino que va limando nuestros pilares de desarrollo. Comienzan las dudas y las inseguridades y perdemos la confianza en nosotros mismos.

Como consecuencia de esta evolución, muchos de nosotros nos encontramos hoy en una situación en la que nuestro nivel de autoestima no se encuentra todo lo elevado que nos gustaría. Actuamos inseguros y nos rechazamos a nosotros mismos. El cúmulo de experiencias vividas hasta hoy ha configurado nuestra actual personalidad y nuestro estado emocional. Y, lo peor de todo, hemos entrado en una dinámica en la que somos nosotros mismos los que nos criticamos con dureza cuando no nos salen los resultados.

Sin embargo, lo importante no es cómo nos encontremos hoy. Lo verdaderamente importante es que podemos actuar para recuperar los niveles de autoestima y autoconfianza que, con toda seguridad, hemos tenido en algún momento de nuestra vida. Podemos hacer algo para elevar la confianza en nosotros mismos y conseguir así mejores resultados que incidan en un mayor bienestar. Tenemos que aprender a aceptarnos y a querernos más. Suena bien, ¿verdad?.

Ahora la pregunta que surge es ¿cómo?. ¿Cómo elevar nuestra autoestima y aceptarnos más a nosotros mismos?.

Te propongo un proceso en tres fases: 

  • Primero, libérate de “las presiones” que vienen del pasado. Seguramente habrá cosas de las que te arrepientas, cosas que recuerdas y que te hacen daño, personas y expresiones negativas que han influido sobre ti, rencores, remordimientos, etc. Seguramente hay cosas que te pasan de vez en cuando por la cabeza y que te hacen sentir mal. Identifica todas estas cuestiones y libérate de ellas. Cuéntaselas a alguien que sepas que no te va a criticar o a culpar de ellas. A alguien que, simplemente, te va a escuchar. Al terminar esta conversación, ya habrás dado un paso de gigante para aumentar tu propia aceptación y tu autoestima. Habrás aligerado un gran peso que llevas sobre tus espaldas. 
  • Segundo, toma conciencia de tu situación actual y de quién eres realmente. Habla sobre tus pensamientos y sobre tus sentimientos. Esto te ayudará a conocer cómo piensas. Identifica tus puntos fuertes y débiles, tus aspectos positivos y negativos. Ten clara una cosa: “nadie es el mejor en todo”. “no hay un ser humanos perfecto, ni siquiera en las películas”. Identificar tus fortalezas y debilidades te ayudará a aceptarte a ti mismo, con las limitaciones normales de un ser humano. Oblígate a decir a las personas con las que te rodean algo como esto: “ya sé que no soy perfecto pero lo hago lo mejor que sé”. De esta manera, esa parte crítica de ti mismo suavizará sus modales e iras aprendiendo a tratarte mejor. 
  • Tercero, haz un inventario en el que maximices las fortalezas que has identificado y minimices las debilidades. Define el futuro que quieres tener, qué quieres hacer, dónde quieres ir y qué tipo de persona quieres ser. Piensa en cómo tus fortalezas te pueden ayudar a conseguir este futuro. Visualiza el futuro. Mírate a ti mismo viviendo ya ese futuro. Mira tu futuro con todo detalle. Céntrate en todo lo que ves, en lo que escuchas y en lo que sientes. Ya estás allí y lo has conseguido utilizando tus fortalezas.

Cuando ya lo hayas revisado, lo más importante de todo. Actúa. Prepara un plan con acciones a poner en marcha y comienza hoy mismo a avanzar hacia tu futuro. Eres una persona con muchos puntos fuertes en los que apoyarte como has podido comprobar. ¡Quiérete a ti mismo y ponte en marcha!.

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