Para gran parte de nosotros, el tiempo se ha convertido en un recurso escaso, preciado y muy difícil de gestionar. En muchas ocasiones, tenemos la sensación de “no tener tiempo para nada y de vivir inmersos en un profundo caos”.

Comienzan a aparecer síntomas como un aumento del estrés y del agobio que nos llevan sin aliento a lo largo de todo el día. Cometemos más errores de la cuenta y tenemos que repetir algunas cosas varias veces para conseguir unos resultados que, en muchas ocasiones, son realmente pobres. En las relaciones con los demás, tanto a nivel personal como profesional, aparecen conflictos que vuelven a realimentar nuestro desánimo y nuestra sensación de malestar.

¿Has sentido o experimentado alguna de estas situaciones en algún momento?. No se pasa nada bien, ¿verdad?.

Este escenario, absolutamente caótico, puede apoderarse de nuestra vida si no le hacemos frente y nos puede impedir conseguir nuestros sueños y nuestros objetivos.

La buena noticia es que, de acuerdo con la Teoría del Caos, podemos influir sobre las circunstancias para provocar grandes cambios en los resultados. Pequeños cambios en nuestras creencias y en nuestros hábitos, pueden incidir enormemente en nuestros resultados finales a todos los niveles.

En gran parte de los casos, los efectos anteriormente descritos tienen como causa principal nuestra propia desorganización. No es que no haya tiempo. Siempre ha habido 24 horas al día y eso, muy probablemente, no cambiará. Lo que si puede cambiar es nuestra forma de utilizar y distribuir el tiempo.

Establecer pequeños cambios en nuestra agenda diaria que nos liberen tiempo para dedicarlo a lo realmente importante es una de las tareas que mayores beneficios nos reportará tanto en el corto como en el medio y largo plazo. La clave está ahí: disponer de tiempo para hacer lo importante.

Para ello, tendremos que quitar tiempo a lo “no importante”, a lo que no nos aporta, a lo que nos desvía del objetivo.

Te recomiendo algunas prácticas que puedes poner en marcha de manera inmediata y que contribuyen a proporcionarte más “tiempo útil”, reduciendo tu estrés y permitiéndote conseguir mayores resultados: 

  • Define claramente tus áreas importantes y los objetivos que quieres conseguir. Dedica un rato a responder a la pregunta “para qué quiero conseguir esto?.
  • Establece una agenda diaria, con una rutina de horario que conviertas en hábito y que contemple las actividades que realmente te parecen importantes para conseguir tus objetivos. Todo hay que agendarlo, hasta el ocio.
  • Ordena tus papeles, tus archivos, tus libros, tus CD´s, etc. Son muchas las horas que dedicamos a buscar cosas que nunca aparecen y mucho el “espacio mental” que ocupa el desorden.
  • Cuando comiences una actividad, termínala antes de ponerte con otra. Está demostrado que tener que reiniciar tareas es un gran malgastador de tiempo.
  • Sé como un “abanico”. Asegúrate de tener el control de todos tus asuntos importantes. No te centres solo en uno y olvides el resto.
  • Practica la puntualidad. Trata de llegar a tus citas con diez minutos de antelación. Pocas cosas provocan mayor estrés que llegar tarde.
  • Evita conflictos innecesarios por cuestiones que realmente tienen poco o nada que ver con tus objetivos. Los conflictos quitan tiempo y, sobre todo, ocupan espacio mental. Acepta que “hay tantas visiones del mundo como personas”.
  • Ayuda a los demás en lo que consideres, pero no olvides tus propios objetivos. En muchas ocasiones son otras personas las que te limitan en tus resultados robándote tiempo. En esos casos, aprender a decir “no” es importante para tu desarrollo.

Podríamos seguir proponiendo recetas y cambios pero considero que estos son suficientes para que notes de manera significativa sus ventajas. Lo importante es actuar, ponerse en marcha y establecer cambios. Recuerda el Efecto Mariposa” de Edward Lorenz que afirma que “un aleteo de una mariposa puede provocar un Tsunami en otra parte del mundo”. Son los pequeños cambios los que provocan los grandes resultados.

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