Todos cometemos errores y cuanto más cosas hacemos y más ocupados estamos, más errores son los que cometemos. Recuerda que el error es parte de la acción. Citando a Goethe “Muchos hombres no se equivocan jamás porque no se proponen nada razonable”. Los grandes descubrimientos que son hoy parte de nuestras comodidades habituales no se consiguieron a la primera. Edison necesitó más de mil intentos antes de que luciera la bombilla.

La cuestión importante no es si se cometen o no errores, sino ¿cómo nos enfrentamos a ellos y resolvemos los problemas que se nos van presentando?.

Hay dos formas de ver el mundo: la forma buena y la forma mala. Las personas con una visión mala o negativa asumen un rol de víctimas, considerando la vida como una sucesión de problemas y un proceso continuo de infelicidad y presión. No esperan mucho y, en consecuencia, no consiguen grandes cosas. Cuando las cosas van mal, mueven los hombros y aceptan pasivamente que “es la vida” o “es lo que hay” y no hay nada que puedan hacer para mejorar la situación.

Al otro lado, las personas con una visión buena o positiva ven el mundo como una realidad llena de oportunidades y posibilidades. Consideran que todo lo que sucede es parte de un gran proceso diseñado para producir al ser humano alegría y felicidad. Afrontan sus vidas, sus trabajos y sus relaciones con optimismo, alegría y una actitud general de expectativas positivas. Esperan mucho y normalmente consiguen mucho.

La diferencia fundamental entre un grupo de personas y otro es, al margen de un mayor o menor optimismo, que los segundos aprenden de las experiencias y de los errores de cada día y utilizan el aprendizaje para mejorar los resultados del día siguiente. Como decía Cicerón “De hombres es equivocarse, de locos persistir en el error”.

Cuando desarrollas la habilidad de aprender de los errores eres capaz de enfrentarte con los obstáculos y convertirlos en oportunidades de aprendizaje y desarrollo. Ves los problemas como peldaños de la escalera del éxito que te permiten subir cada vez más y más arriba.

Sin embargo, hay muchas personas que afrontan las equivocaciones de forma negativa, frenando su desarrollo y sus resultados.  Normalmente cometen dos grandes errores al respecto.

El primer error es no aceptar la equivocación cuando se comete. Hay personas que se niegan a admitir que se han equivocado.

La realidad es que una buena parte de las decisiones que tomamos son equivocadas. Si te paras a pensar un minuto, seguramente vendrán a tu cabeza multitud de decisiones que has tomado y con las cuales no te encuentras del todo satisfecho. Siempre hay algo sobre lo que piensas “no debería haberlo hecho” o “debería haber actuado de otra manera”.   Es duro aceptar que gran parte de las decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida son equivocadas y no nos aportan el resultado esperado. Sin embargo, si esto es así y nos pasa a todos, ¿cómo puede nuestra sociedad seguir existiendo?.

Lo cierto es que nuestra sociedad, nuestras familias, nuestras empresas y nosotros mismos continuamos sobreviviendo porque hay personas inteligentes que consiguen “no hacer dramas de sus errores” y aprender de ellos. Gran parte de los errores, fallos y malas decisiones se convierten realmente en dañinos solo cuando nos negamos a aceptarlos y los repetimos una y otra vez sin aprender nada de ellos.

El segundo enfoque erróneo en relación con las equivocaciones es no aprender de ellas y no utilizarlas para mejorar. Aprender de las equivocaciones es una habilidad fundamental para crecer y configurar nuestro futuro en lugar de quedarnos a la deriva, a merced de lo que vaya ocurriendo. De niños aprendemos a andar dando un paso tras otro y aprendiendo, tras la caída que es lo que no tenemos que volver a hacer o que debemos hacer de otra manera.

Las personas que reconocen que se han equivocado y aprenden del error para mejorar su desempeño son las que conseguirán a la larga los mejores resultados. Lo importante de esto es que toda experiencia es aprendizaje. Revisa al final del día lo que has hecho y lo que no has hecho, lo que ha salido bien y lo que ha fallado. Reflexiona sobre ello y decide que cosas harás de manera diferente a partir de ahora. Poco a poco tus resultados irán siendo mejores en todas las áreas en las que decidas aplicar el aprendizaje.

 

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