Según en Diccionario de la Real Academia de la Lengua, Actitud significa “1. Postura del cuerpo humano, especialmente cuando es determinada por los movimientos del ánimo, o expresa algo con eficacia. 2. Postura de un animal cuando por algún motivo llama la atención. 3. Disposición de ánimo manifestada de algún modo”. En aeronáutica, el término “actitud” hace referencia al “ángulo de vuelo que lleva el avión con respecto al horizonte”. Depende de este ángulo, el ascenso o el descenso será de una manera u otra, más o menos brusco, más o menos rápido.

Sea cual sea la acepción, está claro que cuando hablamos de actitud, hablamos de posición frente a algo. La forma en la que percibes un problema determina tu actitud. El ángulo desde el que percibes las diferentes situaciones es tu “actitud de vuelo”.

Controlar tu actitud, es decir, controlar el enfoque y tu manera de aproximarte a las situaciones es, posiblemente, el elemento que más influirá en tus resultados. En ocasiones, es una actitud errónea la que provoca la insatisfacción y la infelicidad. Recuerda que “lo importante no es lo que sucede, sino cómo lo percibes”.

Para dominar tu actitud y conseguir un enfoque positivo de los problemas que te vayas encontrando, puedes comenzar por cambiar tu lenguaje, la denominación de algunas cuestiones.

No hay problemas sino situaciones.
Imagínate que cambias la palabra “problema” por “situación”. Imagínate que utilizas expresiones como “nos enfrentamos a una situación que necesita de toda nuestra concentración”. “Situación” es un término neutro, una palabra que no tiene connotaciones positivas ni negativas, mientras que “problema” implica consecuencias negativas necesariamente.

No hay problemas sino desafíos
Prueba ahora a cambiar el término “problema” por la palabra “desafío”. “Nos enfrentamos a un gran desafío”. ¿qué te sugiere?. De la misma manera que con el término “situación”, la palabra “desafío” no tiene connotaciones negativas. Es más, las personas nos planteamos desafíos de forma voluntaria con el fin de superarnos y conseguir determinados logros que nos van haciendo crecer. Los desafíos nos ayudan a motivarnos, Los desafíos son positivos.

No hay problemas, sino oportunidades
Detrás de cada crisis, detrás de cada problema hay una oportunidad. Cuando afrontes una situación que consideres “problemática”, busca las oportunidades que se abren como consecuencia de ésta. Cada situación es una oportunidad de aprender. Cada acontecimiento es una oportunidad de conseguir un nuevo logro. Si te paras a pensar, las personas que han conseguido los resultados más brillantes a todos los niveles, los han logrado en tiempos de crisis, en épocas turbulentas.

Pensar en términos de “situaciones”, “desafíos” y “oportunidades” te abre un mundo lleno de posibilidades y alternativas. Y son precisamente las alternativas las que te permitirán conseguir tus objetivos y continuar avanzando.

Ten en cuenta que, pienses como pienses, las situaciones están allí, tu entorno económico, familiar y social son como son. Estos no son aspectos que tu puedas decidir. Sin embargo, lo que si depende de ti, aquello de lo que eres verdadero dueño, es tu forma de pensar, tu forma de aproximarte a la realidad. ¿Por qué una misma situación supone un “problema insalvable” para algunas personas y una “oportunidad” para otras?, ¿qué lo que cambia?, ¿qué hace diferente a estas personas?. Evidentemente, la respuesta no la podemos encontrar en el entorno. La diferencia reside exclusivamente en la forma de pensar de cada uno. La forma en que las personas deciden percibir una misma situación es diferente. En base a esta percepción, se consiguen experiencias más o menos gratificantes. Recuerda la buena noticia: tú decides cómo quieres enfocarte.

Ejercicios para la acción

Primero, identifica tres situaciones que consideres que son “un problema” para ti en este momento y defínelas utilizando los términos “situación, desafío y oportunidad”. Haz una relación de las oportunidades que eres capaz de identificar.

Segundo, utiliza los términos “situación, desafío y oportunidad” en las conversaciones que tengas tanto en tu ámbito familiar como profesional. Analiza cómo percibes tus sensaciones y las de tu interlocutor.

Tercero, cuando identifiques un desafío o una oportunidad, diseña un plan para afrontarlo. Ponte en marcha de forma inmediata para conseguir tus objetivos.

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