Las personas actuamos impulsadas por dos grandes tipos de motivadores: conseguir placer o evitar el dolor. Cuando decidimos actuar en cualquier sentido lo hacemos porque pensamos que nos sentiremos mejor de lo que nos encontramos en ese momento, es decir, conseguiremos algún efecto positivo, o bien dejaremos de experimentar el dolor que podamos estar experimentando en el momento de esta decisión.

Todas nuestras acciones las asociamos con placer o con sufrimiento.
Todo lo que hacemos es bueno o malo, positivo o negativo. Esta realidad es la que nos permite avanzar y cambiar, tomando decisiones y poniendo en marcha nuevos proyectos. Pero es también esta realidad la que condiciona nuestra habitual “resistencia al cambio”. Si decidimos no hacer algo es porque no asociamos el suficiente placer o porque asociamos mucho dolor al hecho de hacerlo.

Quiero mantenerme en mi zona de confort
Ante lo desconocido, ante lo nuevo, normalmente respondemos tratando de mantener nuestra actual situación ya conocida. Es habitual que nos quedemos en nuestra zona de comodidad o de confort. En ocasiones, no estamos especialmente contentos con lo que tenemos, ni con nuestra carrera, incluso con nuestras relaciones, pero nuestra mente asocia peligros con el hecho de un posible cambio.”¿Y si hago algo diferente y resulta que el resultado es todavía peor que lo que tengo en la actualidad?. Virgencita, virgencita, que me quede como estoy”. Este es un comportamiento muy habitual para la mayor parte de las personas.

Si quieres algo diferente, tienes que hacer cosas diferentes
Con esta actitud, estamos limitando nuestras posibilidades de crecimiento, mejora y desarrollo. Si quieres conseguir algo diferente, si quieres conseguir más y mejor, tienes que hacer cosas diferentes. Alguien dijo una vez que la definición verdadera de la locura es “tratar de conseguir resultados diferentes, haciendo lo mismo una y otra vez”. Qué tal si te preguntas ¿qué pasaría si cambio algunas cosas y resulta que sale bien?. ¿Cómo me encontraría?.

Un método para el cambio
Para vencer la resistencia y prepararte para un cambio positivo que te permita conseguir más y mejores resultados en todos los ámbitos de tu vida es necesario que te plantees preguntas poderosas y te ofrezcas respuestas sinceras y motivadoras. Es necesario que cuando te plantees tomar una decisión relacionada con algún cambio, respondas con reflexión y convicción a las siguientes preguntas:

¿qué es lo que me impide hacerlo?
– Si hago esto, ¿qué efectos positivos consigo?, ¿a qué me acerco?, ¿de qué me alejo?, ¿Qué beneficios tendrá esta actuación para las personas que me importan?
– Si no lo hago, ¿qué posibilidades estoy perdiendo?, ¿qué efectos negativos tendrá la decisión, para mi y para mi y para otras personas?

Es necesario que respondas a estas preguntas con total convicción, visualizando tus respuestas como si ya se hubiera producido la situación. Es necesario que vincules el mayor placer y beneficio a ese cambio y que vincules el mayor dolor y sufrimiento posible al hecho de no cambiar.

El verdadero secreto del cambio
Cuando interiorices completamente estas sensaciones, conseguirás la fuerza necesaria para acometer cualquier cambio que desees en tu vida. Como dice en sus libros Anthony Robbins, las personas actuamos por “neuroasociaciones. Cada acción que podemos realizar la asociamos con dolor o placer y esto es lo que condicionará nuestro movimiento.

Asocia suficiente dolor a algo y dejarás de hacerlo. Asocia suficiente placer a algo y serás capaz de hacerlo. Este es el verdadero secreto del cambio y es válido para personas y organizaciones y para cuestiones personales o profesionales.

Ejercicios para la acción
Aquí hay tres cosas que puedes hacer y que te facilitarán tus cambios:

Primero, identifica algún aspecto de tu vida que desees cambiar. Se lo más concreto posible (dejar de hacer algo, atreverte a crear una empresa, conseguir tu peso ideal, etc.). Define con detalle lo que quieres cambiar.

Segundo, plantéate las preguntas que comentábamos anteriormente. ¿Qué me impide hacerlo?, ¿qué beneficios tendrá el cambio?, ¿qué efectos negativos tendrá no cambiar?. Dedica tiempo a responder a estas preguntas visualizando con detalle las situaciones.

Tercero, actúa ya. Pon en marcha el cambio y comprueba que es lo que sucede. Solo así sabrás realmente lo que pasaría si lo hicieras. Permítete avanzar y desarrollarte.

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