“He querido salir hoy antes del trabajo para hacer unas compras y mi jefe no me ha dejado. Es un verdadero déspota”. Escenas como esta suceden a diario y en distintos ámbitos de la vida. Opiniones diferentes, órdenes no acatadas, distintas formas de comunicar y diferentes percepciones de la realidad originan continuos enfrentamientos entre las personas. Continuamente se producen conflictos.

Los conflictos se suceden en todos los ámbitos. Entre padres e hijos hay conflictos, entre esposos y esposas, entre jefes y empleados, entre miembros de un equipo o de una comunidad de vecinos. Los conflictos son una parte esencial de las relaciones humanas.

Cuando tenemos un conflicto con alguien son muchas las ocasiones en que optamos por el enfrentamiento y, al final, no conseguimos nada en claro. Únicamente logramos aumentar nuestro enfado, nuestro nivel de estrés y, además, nos desconcentramos y nos volvemos improductivos durante un tiempo. ¿Crees que esto compensa realmente?. Yo creo que no, pero aún así lo cierto es que lo hacemos.

¿Para qué nos enfrentamos?
Cuando decidimos enfrentarnos con alguien y entrar en la discusión buscamos conseguir siempre algo positivo, bien sea para nosotros o para la otra persona
. Quizás buscamos sentirnos importantes, reflejar todo lo que sabemos sobre algo, dar una imagen de autoridad frente a otras personas o conseguir cambiar la forma de pensar o el punto de vista de la otra persona para evitarle un sufrimiento. Todas estas son intenciones muy positivas pero, la realidad es que muchas veces no conseguimos ninguno de estos objetivos mediante el enfrentamiento. Es más, a veces todo lo contrario.

Cuando una persona nos lleva la contraria o nos impide algo, quizás “esté haciéndolo por nuestro bien”. Quizás su intención sea la de ayudarnos y evitarnos un disgusto. Pero, ¿cómo lo percibimos nosotros?. Normalmente como un ataque y, de nuevo, como un conflicto.

Detrás de cada actuación siempre hay una intención positiva
Salvo patología, siempre que alguien actúa de una determinada manera tiene una intención positiva, tanto para sí como para los demás. Persigue conseguir algo bueno. Conocer esta realidad es clave para gestionar positivamente nuestros conflictos.

Cuando discutamos con alguien pensemos que hay una intención positiva: ¿para qué me lleva la contraria?, ¿qué persigue al comportarse así? ¿cuál es la intención positiva de su actuación tanto para mi como para él mismo?, ¿qué es lo bueno que quiere conseguir o evitar?.

Al identificar la intención positiva, podremos generar alternativas diferentes al conflicto para conseguir el objetivo perseguido. La pregunta clave es: ¿cómo puedo conseguir el efecto positivo buscado sin caer en el enfrentamiento?, ¿qué otras cosas puedo hacer?. Si, por ejemplo, un padre no deja a un hijo salir “para salvaguardar su seguridad”, una alternativa al enfrentamiento podría ser buscar y argumentar distintas actuaciones que demuestren a ese padre que el hijo estará seguro aunque salga.

Cuando el jefe del comienzo de este artículo no deja al colaborador irse antes para hacer unas compras, puede ser que lo que intente sea que “aprenda a seguir una disciplina para mejorar profesionalmente”. Una alternativa al enfrentamiento podría ser demostrar esta disciplina proponiendo un tiempo extra por la tarde o comprometiéndose a terminar un trabajo antes de lo previsto.

Agradece la intención positiva
Si hemos legado a la conclusión que cuando alguien se enfrenta a nosotros, de alguna manera nos quiere ayudar, persigue algo positivo, ¿no deberemos agradecérselo?. En vez de entrar en conflicto di: “gracias por preocuparte por mí, sin embargo, déjame explicarte porqué puedes estar tranquilo y qué otras alternativas podemos estudiar para conseguir el mismo efecto”.

Aplicando estas nociones nos evitaremos “sofocones” y conseguiremos mejores resultados en nuestras relaciones con las personas.

Ejercicios para la acción
Aquí hay tres cosas que puedes poner en marcha para mejorar la gestión de los conflictos.

Primero, identifica una experiencia pasada reciente en la que hayas tenido un conflicto con alguien. Formúlate estas preguntas: ¿qué pasaba?, ¿qué intención positiva podía perseguir mi interlocutor?, ¿Qué efecto positivo quería conseguir para mi esta persona?, ¿qué ´buscaba satisfacer esta persona para ella misma?.

Segundo, una vez identificada la intención positiva platéate qué alternativas diferentes al conflicto podrías haber planteado para hacer frente a la situación y conseguir los mismos efectos positivos perseguidos.

Tercero, decide hoy afrontar las situaciones de posible conflicto de esta manera, evitando el enfrentamiento negativo y disfruta de los resultados.

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